QUIM HEREU

EL ESTRAMBOTISMO

El estrambotismo es un movimiento artístico nacido en 1974 en el Empordà (Cataluña) de la mano de Joan Fuster i Gimpera (Torroella de Montgrí, 1917-2011), quien fue el fundador filosófico de esta nueva corriente. Fuster inventó la palabra “estrambotismo” y la aplicó a la pintura con la intención de romper con las convenciones y reivindicar la libertad creativa. Antes de morir, Fuster nombró como “heredero testamentario del Estrambotismo” a Quim Hereu (Girona, 1963), quien fue el fundador formal del Estrambotismo, al reinterpretarlo, desarrollarlo plenamente y dotarlo de una estructura teórica, plástica e institucional propia. Creó el manifiesto visual con su Trilogía Estrambótica (tres obras de dimensiones monumentales de 6 x 12 m). Redactó el manifiesto escrito, que sistematiza los principios del movimiento, y promovió el Espai Quim Hereu en la Fortaleza de Sant Julià de Ramis, embrión del futuro Museo del Estrambotismo, que le da proyección pública y continuidad.

El origen del Estrambotismo

De pequeño pasaba muchas horas en casa de mis abuelos, dibujando en el suelo. En Girona. Me gustaba hacerlo así por la cercanía con el papel, y lo hacía a menudo después de volver del colegio. Podría decir que ese rincón era mío.

Todo estaba envuelto en una calma doméstica, con esos sonidos que dan paz: la voz de mi tía hablando con mi abuela en la cocina, las golondrinas en la calle, un cajón que se abre y el roce metálico de los cuchillos y tenedores volviendo a su sitio después de secarlos.

Al cabo de un rato, mientras la tía Conxita, la del dedo torcido e inútil, me pelaba unas mandarinas para merendar, me miró de lado desde el sofá y dijo:

“Por qué haces dibujos tan estrambóticos. No podrías dibujar cosas más normales.”

Estrambóticos. Susurrado, casi sin querer, mezclado con otras palabras y escondido entre ellas, aquel adjetivo llegó a mis oídos y se me quedó grabado para siempre.

Y así pasaron muchos años, desde la primera vez que mi tía lo soltó, en casa de los abuelos, hasta el día que volví a escucharlo. Fue en Torroella de Montgrí. Estaba con Pere Figueres, un buen amigo. Charlábamos de todo y de nada, y entre frase y frase, dejó caer: “estrambótico”. La palabra retumbó dentro de mí como un gong golpeado junto a alguien que duerme. Un fuerte olor a trementina se esparció en el aire, densa y reconocible. Y ya sabemos lo que quiere decir eso.

Pere Figueres, el hombre de los mil sombreros, conocía a Joan Fuster y me conocía a mí. Era el año 2006. Fuimos a casa de Joan en Torroella, no a la Alquimia del Estartit. Aquel mismo día nos enseñó pinturas, partituras y herramientas extrañas. Hablaba y explicaba. Yo solo escuchaba y miraba. No tenía ojos suficientes para abarcar su obra, que me parecía fascinante.

De aquel encuentro nació una amistad inmediata, basada en el respeto, la complicidad y diría que también en una admiración mutua. El resultado fue una conexión artística muy profunda. A partir de ese momento todo fue rápido. La amistad creció y la complicidad se volvió productiva y potente. Yo sabía que podía vestir aquella palabra con mi mundo, mi imaginario, mis teatros inventados desde siempre y mi manera de pintar. La envolví con mi proceso creativo. O quizá fue al revés, quizá la palabra me envolvió a mí.

Era quizá una idea primitiva, escondida, sin desarrollar del todo, pero una gran invención al fin y al cabo. Si queríamos hacerla crecer quedaba mucho trabajo por delante. Y nos pusimos a ello los dos, manos a la obra. Él con casi noventa. Yo con poco más de cuarenta. La cabeza y el impulso. Ambos entendimos que era un relevo. Nos brillaban los ojos, como dos conspiradores que saben que están creando algo que los sobrevivirá.

El Estrambotismo ya tenía padre, pero faltaba madre. La naturaleza lo pide así. Los movimientos artísticos también.

Y el tiempo, paciente y firme, haría el resto. El pasado y el futuro, una mitad y la otra, unidas con un solo objetivo.

Como apunta Ernst Gombrich en su “The Story of Art”: los grandes movimientos rara vez nacen de un único acto creador, si no del diálogo entre la intuición de uno y la formulación de otro. Quizá, solo quizá, esos dos éramos Joan y yo.

Durante cinco años compartimos ideas y proyectos con un propósito común que iba tomando forma: rehacer el Estrambotismo y lanzarlo al mundo. Hasta que en 2010, poco antes de morir, Fuster me cedió aquel embrión del nuevo movimiento que él había iniciado.

Joan murió en 2011, hacía nueve años cuando escribía estas líneas, y, por tanto, no pudo ver la presentación pública del proyecto que habíamos empezado juntos.

Aun así, aquí sigo, vivo, con la fuerza y la determinación intactas. Los dos sabíamos que, si no nos hubiéramos encontrado, el destino de cada uno y el del Estrambotismo habría sido completamente distinto.

 

Fragmentos del Manifiesto Estrambótico
  • El Estrambotismo se define como el impulso, la rauxa, que permite a una persona saltar el abismo que la separa de aquello que siempre ha soñado hacer, de convertirse en lo que siempre ha querido ser. Por raro, extraño o diferente que sea. Es una expresión de liberación, de atreverse a vivir venciendo el miedo a los convencionalismos y al exceso de cordura. La rauxa es su motor.
  • Por ahora, el tiempo es finito para los humanos, y eso significa que tiene un valor incalculable. Tres pinturas de dimensiones colosales porque siempre quise pintar obras así, grandes, muy grandes. Y unos temas muy bien escogidos para que fueran la esencia de esta nueva corriente: “Tiempo, Poder y Libertad”.
  • El Estrambotismo es inclasificable y escapa a los encasillamientos intelectuales porque nace de la subjetividad de cada individuo. El arte es el espejo de nuestra conciencia.
  • En el origen del hecho creativo, en un prodigioso epicentro, encontramos la inapreciable existencia de las musas. Son seres etéreos, extremadamente brillantes, indescriptibles porque cambian de forma constantemente. Son invisibles para los demás y van y vienen siempre a su antojo, incontrolables, infalibles, precisas. Tan precisas como las órbitas de un sistema planetario alrededor de su sol.
  • Dicen que el Tiempo no perdona lo que se hace sin él. Pues yo, en este momento, dedico el que me ha sido otorgado a alimentar el Estrambotismo y fundarlo formalmente con la creación de su manifiesto visual, la Trilogía Estrambótica, y este manifiesto escrito que la complementa. Y lo presento al mundo, para completar lo que empezó mi amigo Joan Fuster i Gimpera. Y porque al hacerlo me divierto y me transporto a mi infancia, donde todo era paz, luz, silencio…

El Testamento Estrambótico

Y un día cualquiera, de un año cualquiera —mientras las ancianas vendían verdura en el mercado y las moscas se enamoraban de su santo—, recibí una llamada. Era Fuster. Su voz no dejaba lugar a dudas:


«Tengo que decirte algo importante. Es urgente. ¿Puedes venir?»


Yo estaba en mi taller, y sin pensarlo demasiado, dejé lo que tenía entre manos. Cuando un amigo te dice que es urgente, no preguntas por qué. Vas. Cogí el coche y me dirigí hacia l’Estartit. Siempre ha sido un placer ir allí, pero ese día el trayecto parecía más claro, más limpio, como si el mismo aire quisiera anunciarme algo. Era una de esas tardes que solo el otoño catalán sabe regalar. El sol lo iluminaba todo de una manera casi irreal, como si quisiera hacernos olvidar que la muerte siempre nos espera, paciente, infalible, detrás de cada rincón.
Llegué a L’Alquímia y abrí la pequeña puerta roja con letras blancas que conocía tan bien. Subí los cuatro escalones que giraban a la derecha y allí estaba él, Fuster, sentado frente al caballete, como siempre, al fondo del pequeño estudio. Una luz blanca, potentísima, entraba por la ventana completamente abierta que daba al puerto.

—Buenos días, Joan.

No me devolvió el saludo, algo nada habitual en él. Pero entendí enseguida que tenía la cabeza ocupada con lo que quería decirme. Iba directo al grano.

—Siéntate, siéntate, Quim, por favor. Quiero decirte algo importante.

Se ajustó las gafas y empezó a leer un papel que tenía en las manos. Cuando terminó, me miró a los ojos y continuó:

—… Yo pronto voy a morir. Te nombro heredero del Estrambotismo.

Después me lo dio.
Era un poema.
Un poema en forma de testamento.

 

Testamento del Estrambotismo

Tu nombre premonitorio
anuncia un testamento
que yo, como padre consciente,
quiero sacar del escritorio.
Eres heredero desde este momento
de un -ismo con patrimonio
de estrambote visionario,
de un ideal sin precedente.

Joan Fuster i Gimpera

Al querido amigo y gran pintor Quim Hereu

Noviembre del 2010

*La “rauxa” es un término catalán que se traduce al español como “arrebato” o “impulso irrefrenable”. Se refiere a un estado de exaltación, entusiasmo o energía desbordante que lleva a una persona a actuar de manera apasionada, sin restricciones y con una intensidad emocional particular. En algunos contextos, puede asociarse con la audacia, la valentía o la energía desinhibida.